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jueves, 4 de noviembre de 2010

"EL ESTADO COLOMBIANO SECUESTRA, VIOLA Y ASESINA A NIÑOS EN ARAUCA" CRIC



FOTO: CRIC.
FUENTE: ASOCIACION DE CABILDOS INDIGENAS DEL CAUCA – ACIN.

Mientras la comunidad internacional y los politólogos colombianos están encantadísimos con el “aire fresco” que supuestamente dizque se respira en la Casa de Nariño, ya que el presidente Santos ha prometido que su gobierno respetará los derechos humanos, el Estado colombiano secuestra, tortura y abusa sexualmente a niños en Arauca.

El día 14 de octubre, en el Municipio del Tame, Departamento de Arauca, tres niños, Jefferson Jhoan Torres Jaimes (de 6 años), Jimmy Ferney Torres Jaimes (de 9 años) y Jenny Narvey Torres Jaimes (de 14 años), fueron secuestrados en su finca por soldados de la Octava división del Ejército colombiano, mientras su padre José Álvaro Torres se encontraba en labores agrícolas. Luego del plagio, los niños sufrieron horrendas torturas, fueron violados (hay evidencia de semen y marcas de abuso sexual en sus cuerpos y ropas) y luego asesinados por degollamiento con armas blancas (machetes). Sus cuerpos, posteriormente fueron arrojados a una fosa común.

Hasta la fecha, se ha encontrado sangre en los morrales de siete de los sesenta soldados de esa unidad móvil, que se encuentran bajo investigación. O sea, estamos hablando de un crímen monstruoso, premeditado, organizado por estas bestias uniformadas que se creen omnipotentes gracias la política belicista del gobierno colombiano, alimentado generosamente por los dólares de Estados Unidos y con asistencia de Israel y de la Unión Europea entre otros. Bestias que arrebatan a un padre lo más precioso que tiene, sus hijos, para darse ellos unos cuantos minutos de sádico y enfermo placer. Hay que ser claros: estos crímenes ocurren en el contexto de una política de guerra sucia, en la cual el Estado colombiano ha dado rienda suelta a toda clase de atrocidades para lograr “éxitos militares” y ha naturalizado así toda clase de agresiones contra el pueblo.

Crímenes como este, por lo demás, no son excepcionales. En la misma zona, los vecinos denuncian que el día 2 de octubre, una niña de 13 años fue secuestrada por militares y luego abusada sexualmente. Podrá decirse en este caso la menor no fue asesinada, pero con la violación siempre se mata una parte de la humanidad de un ser humano, esa niña puede decirse que también ha sido asesinada pues jamás volverá a ser la misma. Donde quiera que se asienten las tropas del Ejército en las comunidades, se han registrado casos de violencia sexual, muchas veces contra menores de edad, de manera sistemática y generalizada. Estos casos son invisibilizados, en parte por el temor a la represalia o a la estigmatización social en caso de denuncia, en parte por una estrategia deliberada de silenciar la realidad del conflicto. Pero ahí está la realidad del conflicto colombiano, donde el Estado, pese a intentar presentarse como un actor neutral, como una “democracia asediada” por “violentos”, juega un rol fundamental y es el actor principal de la guerra sucia, sea mediante sus agente directos (fuerza pública) o mediante sus agentes indirectos (paramilitares). Dentro de esa guerra sucia, la violación es un arma de guerra más. También lo es el asesinato de menores.

¿Cómo olvidar el horror de San José de Apartadó, cuando en febrero de 2005 los paramilitares, con plena complicidad del Ejército Nacional (Brigada XVII), esos “héroes” exaltados día y noche por los violentólogos en los estudios televisivos, asesinaron a sangre fría a tres niños de 21 meses, 5 y 11 años, respectivamente?

¿Cómo olvidar masacres como El Salado, Mapiripán, Trujillo, entre cientos de otras masacres, donde el Ejército y los paramilitares actuaron de la mano, y en las cuales cuales miles de personas fueron asesinadas y violadas, entre ellas varios menores de edad?

¿Cómo olvidar los cientos de fosas comunes que aparecen día a día con menos de edad e incluso bebés, mutilados por machetes?

¿Cómo olvidar a los cerca de 3.000 “falsos positivos", jóvenes que han sido secuestrados y asesinados a sangre fría por el Ejército, para luego ser presentados como guerrilleros abatidos en combate, y así recibir prebendas y promociones?



Como gran cosa, el gobierno dice, por boca del Ministro del Interior y Justicia, Germán Vargas Lleras, que este crímen de lesa humanidad no será juzgado en cortes marciales sino civiles, porque “estos hechos no se pueden considerar actos del servicio y el conocimiento y la investigación de los mismos debe ser adelantada por la justicia ordinaria”… ¡hombre, qué alivio! Entonces el caso queda, en última instancia, en manos del Fiscal General Guillermo Mendoza y del Procurador Ordoñez, jueces de bolsillo del régimen que no han hecho nada sustantivo por los casos de los falsos positivos y que han garantizado el continuismo de la impunidad que, tras décadas de terrorismo de Estado, recubre al 98% de los crímenes graves contra los derechos humanos. El Procurador Ordoñez, el mismo que, sin ninguna prueba, ha destituído e inhabilitado a Piedad Córdoba, una de las pocas parlamentarias que aún se atrevían a salirle al paso a la política guerrerista del gobierno, mientras que absuelve o pide absolución para reconocidos parapolíticos como Ciro Ramírez, Alvaro Araújo, Mauricio Pimiento, o a connotados violadores de derechos humanos como el Coronel (R) Plazas Vega. 



Por su parte, en una declaración completamente orwelliana, el vice-presidente Angelino Garzón ha declarado que si "están involucrados militares (...) lo que han hecho es una ofensa al Estado colombiano". O sea, lo más grave no es el asesinato, la violación, el secuestro, la desaparición, sino que el daño a (lo poco que queda de) presitigio del Estado colombiano. Lo único que importa es el Estado, que suplanta al ser humano, que está por encima de todo, que absorve y sofoca toda la vida social, que es ante el único que, a fin de cuentas, deberán rendir cuenta los militares.



Saldrán los de siempre, los rapsodistas del Estado terrorista, los encubridores de los crímenes perpetrados por las obscuras fuerzas del control social mediante la “estrategia de noche y niebla”, a decir que estos soldados son “manzanas podridas”, que no “representan los valores del Estado colombiano”. ¡Curiosamente, esta misma gente, cada vez que la insurgencia asesina a un civil, no se cuestionan si ese acto se ajustó a los valores o principios del movimiento guerrillero o si a lo mejor no son tal vez manzanas podridas en las filas rebeldes! Claro que no. En esos casos no hay espacio para la duda y se condena, sin más a la insurgencia. Pero cuando los actos terroristas son cometidos por el Estado, entonces ahí si se puede hacer toda clase de contorsiones argumentativas para justificar al Estado como una entidad inmaculada, más allá del bien y el mal, como una entidad metafísica definida por ciertos “valores” inherentes y no por su propia práctica.

Al Estado colombiano, a ningún Estado, no lo definen sus supuestos “valores” sino sus actos. Y acá hay que ser claros: el Estado colombiano es un Estado terrorista, que secuestra, desaparece, asesina, forma escuadrones de la muerte, desplaza, fumiga (envenena), bombardea, amenaza, acosa, espía, organiza arrestos masivos (pescas milagrosas del Estado), tortura.

Los soldados de la Octava División en el Tame, actuaron como agentes del Estado, fueron representantes del Estado, al igual que miles de otros soldados que, representando al Estado, participan de la guerra sucia y de toda clase de abusos sistemáticos contra la población civil. Estos soldaditos no son casos excepcionales, sino que la materialización, en carne y hueso, de una política contrainsurgente que ha naturalizado toda clase de violencia contra las personas. Esa es la cara del Estado que en amplias regiones rurales de Colombia se enfrenta día a día. Los soldados de Tame son el Estado colombiano.

El monstruoso crímen de Tame nos horroriza, pero sabemos que del Estado colombiano se puede esperar de todo, aún lo inimaginablemente espantoso, como lo ha demostrado lo poco que se sabe gracias a las versiones libres de los jefes paramilitares. 



Que lo sepan muy bien todos aquellos que andan con los cuentos chinos del “aire fresquitico”, con eso de que este gobierno “respeta los derechos humanos”. Que lo sepan muy bien: el Estado colombiano secuestra, asesina y viola a niños. Mal rayo nos parta si algún día olvidamos este crímen.
José Antonio Gutiérrez D.
Rebelión

miércoles, 7 de julio de 2010

ASESINATO DE GUILLERMO CANO ES DECLARADO DE LESA HUMANIDAD


Guillermo Cano murió el 17 de diciembre de 1986
Fuente: EFE

Un fiscal colombiano declaró el crimen del director del diario El Espectador de Bogotá, Guillermo Cano Isaza, ocurrido en 1986, como de lesa humanidad, lo que impide que el caso prescriba y los responsables sean condenados.

En 24 años de ocurrido el asesinato, las autoridades colombianas sólo han logrado imponer una pena de 16 años de prisión a Luis Carlos Molina Yepes, miembro del ya desaparecido cartel de Medellín y quien habría contratado a los sicarios que dieron muerte a Cano, "por el delito de homicidio agravado".

"Un fiscal de Derechos Humanos y DIH (Derecho Internacional Humanitario) declaró que el homicidio del director del periódico El Espectador, Guillermo Cano Isaza, tiene la categoría de crimen de lesa humanidad, lo que conlleva la imprescriptibilidad de la acción penal", señala este martes un comunicado de prensa de la Fiscalía.

La decisión del fiscal radica en que, según las investigaciones, el asesinato de Cano, cometido el 17 de diciembre de 1986, "hizo parte de un plan urdido por el desarticulado Cartel de Medellín, liderado entonces por el narcotraficante Pablo Escobar Gaviría, que fue abatido por las autoridades colombianas en 1993.

Las pesquisas también arrojan que hubo participación del llamado grupo de "Los extraditables", organización creada por narcotraficantes a comienzos de los años 80 que buscaba disuadir a toda costa (incluso con la colocación de artefactos explosivos) un tratado de extradición del Gobierno colombiano con EE.UU. En ese proceso, "Los extraditables" planearon asesinatos de políticos y periodistas colombianos que denunciaban las acciones del crimen organizado.

Cano, al igual que otros periodistas y políticos, estaban a favor de la extradición de capos del narcotráfico. Los crímenes de los aspirantes presidenciales Luis Carlos Galán (1989, Liberal), Bernardo Jaramillo (1990, Unión Patriótica, izquierda) y Carlos Pizarro (1990, del desmovilizado grupo guerrillero Movimiento 19 de Abril, M-19) también han sido declarados como de lesa humanidad.

EFE

lunes, 24 de mayo de 2010

A propósito de Juan Manuel Santos en Ecuador...

TEMAS DE FRONTERAS Y DE LESA HUMANIDAD

Como es de público conocimiento la Corte de Justica de la provincia de Sucumbíos en Ecuador, ratificó la orden de prisión del ex ministro de Defensa Colombiano y candidato Presidencial Juan Manuel Santos, después que el defensor de oficio no se presentó en la sustentación que debía hacer del pedido de revocatoria de esa orden de captura.

La Corte consideró que “no compareció el abogado de la defensa y la Corte consideró que no justificó tal decisión con documentos, argumentó una situación de calamidad doméstica que no justificó”, añadiendo que “ante esta situación seguirá el proceso”. La orden de prisión de Santos está vigente desde Junio del 2009.

Santos al igual que el Comandante de las Fuerzas Militares Freddy Padilla y otros dos Generales, fueron requeridos en esa jurisdicción por la incursión Militar de Angostura, territorio Ecuatoriano el 1 de Marzo del 2008 en que fueron muertas 25 personas, entre ellas el jefe guerrillero Raúl Reyes. Ecuador consideró que Colombia violó su soberanía, lo que ocasionó un impasse Diplomático entre los dos países, que aún subsiste.

Ante los medios de comunicación el Gobierno Colombiano ha manifestado su rechazo a la reapertura del proceso contra Santos, desconociendo la jurisdicción extraterritorial por la que se pretende procesar al ex ministro y otros miembros de las Fuerzas Armadas.

En su defensa, el candidato Presidencial ha declarado que no es posible juzgarlo porque esa fue una acción de Estado y no de Juan Manuel Santos.

Es precisamente esta teoría la que nos induce a verificar su fundamento y los hechos sucedidos en nuestro país, que podrían dar origen a consecuencias internacionales por la “supuesta violación” de las normas que tipifican delitos que afectan la extraterritorialidad y la humanidad, siempre y cuando la justicia Colombiana no cumpla cabalmente con su función en estos casos.

Será que los funcionarios de alto rango de los gobiernos no son responsables de las acciones realizadas durante su gestión y que excedan la legalidad y la territorialidad? Esto es solo responsabilidad del etéreo Estado?

La incursión militar Colombiana en Angostura originó el reclamo por la violación de la soberanía Ecuatoriana y la muerte de Colombianos, Ecuatorianos y Mexicanos por parte de los militares que participaron en esa incursión internacional, justificada por el Gobierno Colombiano no solo por la presencia de Reyes, sino por el combate al terrorismo que “fundamentó” esa actitud. Varios países Latinoamericanos manifestaron su incomodidad por la incursión en Ecuador, lo que amplió las consecuencias de ese hecho militar.

Guardando prudente distancia con el caso del campamento de las Farc en Ecuador, las entendibles protestas Ecuatorianas y la orden de detención contra Juan Manuel Santos, existen situaciones ocurridas en los últimos 8 años que podrían hipotéticamente ser enmarcadas como crímenes de lesa humanidad y también hipotéticamente, comprometer a funcionarios importantes del actual gobierno.

Los desplazados en Colombia que sobrepasan los 4 millones de ciudadanos, lo que comparado con los conflictos de Darfur en la década pasada que también produjo 4 millones y el de Sudan, dos veces más grande que Colombia, que lo supera en número de desterrados, nos da a entender la magnitud del agravio a la población Colombiana causado por los actores del conflicto, llámense grupos de narcos, paramilitares y militares. Igualmente la falta de voluntad de diálogo político en la búsqueda de soluciones pacíficas y la visión militarista como única posibilidad de triunfo, han influido en la prolongación del litigio y el incremento de desplazados.

Pero no solo la guerra produce desplazados. También la incursión de los narcotraficante y paramilitares unidos en algunas regiones del país, han provocado el destierro por sus agresiones a campesinos, sus familias y pueblos enteros, sino también por su necesidad de acumular tierras para sus cultivos ilícitos y su dominio armado.

Las acciones perpetradas desde el DAS, institución adscrita a la Casa de Nariño en cuanto a la persecución, seguimientos y “chuzadas” a magistrados, periodistas, políticos opositores, instituciones de derechos humanos, sindicalistas, etc., además de los espionajes denunciados por los propios funcionarios detectives de esta institución a Cuba, Ecuador y Venezuela, nos llevan a percibir un régimen que aunque siempre trate de justificarse endilgando estas acciones a “mandos medios inconsultos”, nos lleva a entrever como se agrede a amplios sectores de la población y a países soberanos hermanos.

El irrespeto por las minorías atenta contra los pueblos ancestrales, las negritudes o otros grupos, lo que manifiesta el grado de descomposición y marginamiento. Los actores armados matan a los Indígenas, no respetan su cultura y los despojan de sus tierras. Algo similar sucede con las comunidades negras en varios Departamentos, como lo conocimos recientemente en Antioquia y Chocó, donde no solo los esclavizan en su propia tierra, sino que los despojan de ellas.

La desaparición de jóvenes en Soacha reveló ante los sorprendidos ojos de los Colombianos y la comunidad internacional, tal vez el hecho más grave de los que se puedan cometer contra la juventud de cualquier país; “Los falsos positivos”, que consisten en reclutar por parte de militares a jóvenes con engaños, para luego hacerlos aparecer muertos como guerrilleros dados de baja en combate, y así sus autores lograban beneficios económicos y privilegios que además representaban estímulos institucionales, (resolución No. 029). Según las informaciones más de 1.500 casos de “falsos positivos” se han denunciado hasta el momento en todo el territorio nacional, lo que podría ser enmarcado como crímenes de Estado y crímenes contra la humanidad.

Precisemos que son crímenes contra la humanidad: “La definición de crimen contra la humanidad o crimen de lesa humanidad recogida en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, comprende las conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, encarcelación, tortura, violación, prostitución forzada, esterilización forzada, persecución por motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos u otros definidos expresamente, desaparición forzada, secuestro o cualesquiera actos inhumanos que causen graves sufrimientos o atenten contra la salud mental o física de quien los sufre, siempre que dichas conductas se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”.

“Es importante añadir que los crímenes contra la humanidad tienen la característica especial de ser imprescriptibles, es decir que pueden ser perseguidos en todo tiempo”.

“Además la comunidad jurídica internacional considera crímenes de lesa humanidad, los que se cometen utilizando el aparato estatal, lo que supone el compromiso de quienes ejercían cargos en ese aparato (o gobierno), por lo que no quedan exentos de responsabilidad”. (Wikipedia).

La objetividad, celeridad y resultados eficaces de la justicia criolla sobre esos sucesos que podrían ser denominados como de lesa humanidad, sería el “antídoto” contra cualquier posibilidad de que hipotéticamente, funcionarios sean conminados en el futuro por crímenes contra la humanidad y juzgados por las cortes internacionales.

Algunos de esos funcionarios que dejaran el poder el próximo 7 de Agosto, están haciendo mucha fuerza junto a uno de los Presidenciables por la “continuidad del continuismo”, pues de lo contrario no tendrían la garantía de que futuros sobresaltos los obligue a permanecer en el país, ante el peligro de pasearse desprevenidamente por el extranjero. Esto también hipotéticamente!